Caminando con el
Pueblo Peruano
Hace más de 71 años, seis hermanos de la Provincia de Génova, Italia, vinieron al Perú para sentar las bases de una presencia sólida de los Capuchinos, echando raíces en la cultura y en el corazón del pueblo peruano. Hoy, agradecidos a Dios por el don de los hermanos que nos han precedido, queremos traer a la memoria algunas líneas.
1948-1970
Los Inicios
Chorrillos fue la primera casa de los hermanos pioneros. Se trata de un período de siembra en el que se desarrolló un trabajo pastoral enfatizado en la catequesis de niños y jóvenes que se preparaban para recibir los sacramentos y que proponía nuevos e ingeniosos métodos para captar almas para Cristo: juegos, cantos, deportes, etc.
Estamos hablando de una característica peculiar de nuestro carisma: la cercanía al pueblo, que en el Perú se expresó en algunos acontecimientos significativos:
La fundación de Ciudad de los Niños en 1955, por el P. Iluminato de Rivera Ligure.
Construcción de capillas en los barrios más pobres: Buenos Aires de Villa, Cocharcas y Vista Alegre.
Creación de cooperativas de ahorro y crédito en las décadas de los 50 y 60.
En 1960 se crea el colegio parroquial «Cristo Rey» en Chorrillos.
Durante 22 años se tuvo una presencia en Paramonga (1948-1970), un complejo industrial circundado por las casas de obreros y empleados, y grandes plantaciones de caña de azúcar. Otro centro misionero fue La Mejorada, pueblo situado en la sierra central del Perú, en el departamento más pobre del Perú, Huancavelica (1950-1955).
Durante 22 años se tuvo una presencia en Paramonga (1948-1970), un complejo industrial circundado por las casas de obreros y empleados, y grandes plantaciones de caña de azúcar. Otro centro misionero fue La Mejorada, pueblo situado en la sierra central del Perú, en el departamento más pobre del Perú, Huancavelica (1950-1955).
Formación y Pastoral
Inicio del Camino Formativo
En Arequipa se recibían las primeras vocaciones. Era el postulantado. Lógicamente, todavía no había un plan de formación sistemático. El deseo de trabajar con los jóvenes postulantes se expresó en un compromiso que supuso incomodidad y paciencia.
«Creyendo que el camino franciscano es, ante todo, una experiencia, desde el inicio, la formación no tuvo el sesgo del intelectualismo, sino de Pascua: el aprendizaje de morir al amor propio en el servicio humilde.»
En efecto, antes de saber muchas cosas, era necesaria una experiencia de fe, minoridad y obediencia.
Mientras tanto el trabajo apostólico continuó creciendo y perfeccionándose; se consolidó un estilo pastoral en nuestras parroquias caracterizado por la apertura a grupos de diferentes carismas. Naturalmente se intentó favorecer la rica espiritualidad franciscana.
Asimismo, se optó por atender los grupos de jóvenes, pues sabíamos que en ellos estaba el futuro de la Orden. En efecto, por lo menos un 50% de nuestras vocaciones han pasado por nuestras parroquias, en la catequesis o en algún grupo.
Después de la experiencia de incursión en la educación con el colegio «Cristo Rey» de Chorrillos (1968), el trabajo educativo se vio fortalecido con el Colegio «Cristo Salvador» (1979) en Chama.
Formación y Pastoral
La Misión
Se retoma el impulso misionero con el trabajo en las serranías de Arequipa y Palpa.
Una experiencia muy franciscana fue la misión en la selva: «El Estrecho», pueblo en la frontera con Colombia que se atendió por 12 años, de 1971 a 1983.
¿Cuál es el secreto?
¿Cuál es el secreto de la gran feligresía que asiste a nuestras parroquias? En el día domingo todas las Eucaristías llenan nuestros templos, ¿por qué?
En la formación inicial se ha inculcado siempre el amor por «las cosas de Dios». El rey tiene su lugar y como tal hay que tratarlo: el amor a Dios que se esconde detrás del decoro y cuidado de las Iglesias y del esmero en la Liturgia son algo que la gente percibe muy bien.
«La predicación de los hermanos es siempre sencilla y bíblica, y nunca falta un confesor dispuesto a acoger a los penitentes, sin juzgarlos.»
1990 en adelante
Consolidación de la Viceprovincia
A partir de 1990 nuestra vida en la Viceprovincia tiene unas características claras: consolidación de la vida fraterna, aumento de vocaciones y el progresivo desempeño de los hermanos peruanos en los servicios de párrocos y guardianes, en el consejo viceprovincial y en los equipos formativos.
Estamos hablando de una característica peculiar de nuestro carisma: la cercanía al pueblo, que en el Perú se expresó en algunos acontecimientos significativos:
Ciudad de los Niños
Lima
Casa del Noviciado
Caraz
Prenoviciado
Huánuco
Casa de Acogida «San Félix»
Anexa a la Fraternidad «Madre de Misericordia» de Arequipa, tiene cada vez mayor significación: ofrece un mes de convivencia a lo largo del año a los aspirantes a la Orden, acoge a los sacerdotes que necesitan tener un tiempo de reflexión y es la Casa del Postulantado de las vocaciones adultas.
Mes de Experiencia
Un punto aparte merece el llamado «Mes de experiencia» (enero-febrero), tiempo en el cual se ofrece a los jóvenes una experiencia de confrontación fuerte para discernir el seguimiento de Jesucristo a través de nuestro carisma. Se trata de una vivencia válida que se realiza desde hace más de cuarenta años y a la que acuden jóvenes de las distintas partes del país.
Capuchinos en el
Perú, Hoy
69
Hermanos Profesos
13
Postnovicios
3
Novicios
10 +
Postulantess
Lima
- San Pedro en Chorrillos
- María Inmaculada
- Cristo Salvador
- Padre Santo en Ñaña
Interior del País
- San Cristóbal en Palpa
- Madre de Misericordia en Arequipa
- Santa María de los Ángeles en Caraz
- San Bernardino de Siena en Huánuco
Bolivia
- San Pío de Pietrelcina
- San Isidro de Minero
- Virgen de Guadalupe
«Creyendo que el camino franciscano es, ante todo, una experiencia, desde el inicio, la formación no tuvo el sesgo del intelectualismo, sino de Pascua: el aprendizaje de morir al amor propio en el servicio humilde.»
Por eso el cuidado especialísimo que se da a la formación inicial y al robustecimiento de la formación permanente. Todo en el espíritu de reforma, característica de nuestra familia capuchina y que es lo que da sentido a nuestro ser en la Iglesia.